Abril 25th, 2008
Humilde Día del Libro.
Lo hago con un cierto retraso (de fechas, quiero decir, el otro es inevitable) y supongo que algo irritado y envidioso por no haber sido invitado a ninguna de esas lecturas públicas oficiales de la cosa cultural, con su boato, pompa y circunstancia, gracias a las cuales hemos podido descubrir a lo largo de los años que nuestros dirigentes públicos son casi analfabetos funcionales, que a pesar de su altísima formación universitaria y opositora -o tal vez precisamente a causa de ella- algunos no saben ni leer, que otros no saben casi hablar y que ninguno ha oído hablar de Demostenes y sus piedras. A pesar de lo cual, aquí está mi lectura:
Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:
-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (II parte)
Capítulo LVIII+
Pocas veces he leído unas palabras con las que estuviera tan de acuerdo, quizá porque quien las escribió sabía bien de qué hablaba. Y seguramente por eso también siguen teniendo la misma vigencia desesperada que cuando se escribieron…
Vuestro, afectuosamente
Skalagrim.
