Una aproximación al Mito en “300″, de Frank Miller: Laconia (1).

“Marchamos.”
“Desde la querida Laconia… Nuestra sagrada Esparta… Marchamos.”

Lo cierto es que el inicio estremece, y sin embargo lamentaría que alguien se hubiera sentido llamado a este blog por un engaño. Aunque parezca que voy a hablar de un cómic (huy, perdón, Novela Gráfica) de Frank Miller, en realidad creo que voy a hacer algo más que eso. Creo que estoy a apunto de hablar de aquello de lo que el cómic nos quería hablar. Está condensado en sus páginas, poderosamente implícito en las raíces de la historia que nos cuenta. Una historia de mitos y consecuencias de esos mitos. Y las raíces son tan antiguas que probablemente, a pesar de todo lo que el cómic nos da, no podamos verlas.
Así pues, lo siento, no voy a hablar de Frank Miller. Otros que saben más que yo de cómic lo harían, además, mucho mejor.
Sí podemos, por supuesto, empezar por el cómic en sí mismo. Siendo breves, podríamos decir que 300 es una visión poética y en cierta medida ideológica de lo ocurrido en el paso de las Termópilas entre un escaso grupo de espartanos -griegos de Esparta, una polis o ciudad estado de la Grecia Clásica -y un ejército invasor persa en agosto de 480 antes de Cristo (a.C.). Los espartanos se nos presentan en la historia como guerreros de una ferocidad y una eficacia aterradoras, casi sobrehumanos (en más de un sentido lo eran). Los persas como hombres comunes, empujados contra su voluntad por los designios de los poderosos, incapaces de superar sus propias limitaciones pero capaces de imponerse por la fuerza de su número. Desde el punto de vista ideológico, la resistencia de los espartanos se describe como la defensa de lo que la Grecia clásica representará para la cultura occidental con el paso del tiempo, “la única esperanza de razón y justicia que le queda al mundo”, y esto puede dejar a más de uno -sobre todo si sabe algo de la Grecia clásica -con los ojos abiertos como platos. No es un postulado curioso, es un postulado chocante, alguno podría decir que incluso perverso. Hay formas de verlo.
Por lo demás, el cómic es una obra magnífica, con un dibujo un tanto minimalista, dramático, donde las líneas duras y la superposición de diferentes texturas rozan el expresionismo. La narración fluye, y ratos te hace sentir un nudo en la garganta. Deteneos en la oscura viñeta de la no-despedida de Leónidas de su esposa y comprobadlo.
Y sin embargo el cómic tiene una fuerza que no depende del texto o del dibujo, sino de lo que narra. Bebe parte de la emoción que nos hace sentir en sus fuentes, y estas son las de la leyenda, el mito cultural en el que se basa.

Esparta. La clave está en Esparta, como se nos dice en la primera viñeta: “Desde la querida Laconia…”
Probablemente muchos de los que lean este nombre lo habrán oído antes, y tendrán una idea general de lo que significa. Los lectores de Homero reconocerán en Esparta el nombre dado por Homero al reino de Menelao, esposo de Helena, la belleza origen y excusa de la guerra que se nos cuenta en La Iliada. Menelao, a la sombra siempre de su hermano Agamenón, dirige a un ejército de espartanos a la batalla, pero en realidad estos espartanos no tienen casi nada que ver con el concepto de Esparta que habitualmente se maneja como paradigma del soldado invencible.
De hecho los soldados y súbditos de Menelao, los descendientes y parientes de los guerreros aqueos que saquean Troya y esclavizan o matan a todos sus habitantes van a tener un futuro tan despiadado como sus propios actos.
Los Aqueos, los guerreros que Homero llama griegos en su obra, conocían el hierro. Las espadas de los nobles y las lanzas de los guerreros de prestigio llevaban hojas de hierro. Los refuerzos de sus petos y escudos, sus grebas (protecciones para la espinilla), los cascos y las armas de los soldados corrientes eran de bronce. La explicación de esto es que los aqueos, aunque conocían el hierro y podían adquirirlo a altos precios, no sabían trabajarlo. Lo compraban en el norte, a un pueblo de origen indoeuropeo más primitivo, probablemente emparentado con los primitivos celtas de la cultura de Hallstat o con algún clan de lo que unos siglos después llamaríamos germanos. Se llamaban Dorios, y antes de que los aqueos pudieran recuperarse de lo que había sido su instante de máxima gloria y al mismo tiempo su canto de cisne como cultura dominante, los dorios cayeron sobre ellos desde el norte. Aunque la leyenda de los Heráclidas habla de una invasión organizada, en realidad se trataba del viejo esquema migratorio de clanes y tribus empujándose unos a otros en busca de botín y nuevas tierras. Estas “invasiones” eran poco más que partidas de saqueo masivas, con toda una tribu en marcha, precedida por sus jinetes y sus guerreros montados en carros. Las colinas de Macedonia y del Epiro están llenas de restos arqueológicos de las minas y fundiciones de las que extraían el mineral de hierro para forjar sus armas a medida que los dorios se desplazaban hacia el sur. Con una ferocidad que los saqueadores de Troya no habían imaginado en otras manos, los incursores cayeron sobre los reinos aqueos, se apoderaron de sus tierras, mataron a sus nobles y esclavizaron a su población. Establecieron una base fortaleza en el istmo de Corinto, desde dónde se dispersaron en todas direcciones en campañas guerreras que alternaban el saqueo con la conquista, y rápidamente saltaron a las islas circundantes, convirtiéndose también en saqueadores marinos. En Creta no dejaron piedra sobre piedra. Lo que volcanes, terremotos, micénicos y piratas no habían conseguido en siglos lo lograron ellos en unos días de saqueo. No es extraño que Hesiodo llamara al periodo de las invasiones dorias La Edad de Hierro.

En realidad los aqueos habían hecho más o menos lo mismo sólo unos siglos antes -quizá con un poco menos de talento y sin tanta dedicación - y el procedimiento habitual de violación, robo y matanza había acabado por calmarse al cabo de un tiempo (bueno, menos con los troyanos, quizá). A medida que los conquistadores, numéricamente inferiores, se mezclaban con la población local, los ánimos se calmaban e iban diluyendo su identidad tribal en una identidad nacional más amplia. Las costas mediterráneas ya estaban llenas de colonias fundadas por los fugitivos pelasgos que habían salido huyendo de los aqueos unos siglos antes, y en sus proximidades se instalaron ahora los nuevos fugitivos que escapaban de los dorios. La historia se repetía. Una vez más, parecía, los conquistadores se convertirían en aristocracia, las cosechas serían recogidas para los nuevos amos, y éstos, dueños ahora de las tierras, se volverían pronto defensores de una vida más calmada.
Sin embargo, los dorios parecían saberlo. Bien porque hubieran observado el proceso en sus vecinos del sur, bien porque fueran conscientes de lo escasas que eran sus fuerzas en realidad, los dorios aparecen desde un principio obsesionados por el riesgo de mezclarse y desaparecer entre la masa conquistada. Y no les gustaba. Si hubieran tenido una palabra adecuada para expresarlo, se hubieran mostrado firmes defensores del apartheid. Como no la tenían -no tenían demasiadas, al parecer -adoptaron rápidamente el griego como lengua, y a lo largo de la edad oscura por ellos provocada (más o menos desde el XII hasta el VII a.C.), aceptaron las costumbres religiosas y el Panteón Olímpico del resto de la Helade. También adoptaron otros rasgos comunes, hasta identificarse de un modo natural con el muy elástico concepto de griegos que sería compartido por las Polis que se degollaban entre sí.
Con el paso del tiempo, algunas ciudades de los dorios, como la propia Corinto, se convertirían en emporios comerciales de gran sofisticación. Corinto llegó a hacerse tan rica y decadente que dio nombre a un estilo arquitectónico propio (también llegó a tener los mejores prostíbulos de Grecia, aunque eso no le dio la misma clase de gloria).

Pero había otros dorios que no estaban por la labor. Al sur de la península griega se extiende otra península más pequeña, el Peloponeso. El terreno es accidentado y los valles se abren sólo en torno a ciertos ríos, formando unas pocas llanuras fértiles separadas por cadenas montañosas. Numerosos clanes dorios se establecieron en la península, y algunos ocuparon el antiguo reino del rey Menelao, sometiendo a su población a un dominio brutal. Lo llamaron Lakedaimon (Lacedemonia) pero tanto conquistadores como conquistados siguieron llamándolo Esparta. Los conquistadores también llamaban a su nueva tierra Laconia.
En un principio ellos tampoco eran los espartanos que hoy conocemos. Eran dorios, es decir, violentos, algo racistas y un tanto inconscientes, pero aún no poseían el espíritu. La verdadera formación de Esparta tuvo su origen en las reformas legales de Licurgo (personaje que probablemente sea una leyenda). Una vez más es la idea -no la sangre, la “raza” o el origen -lo que marca la diferencia.
Los dorios se hallaban concentrados especialmente en el sur y este de la península, pero aún así eran muy pocos en proporción al resto de la población, y es posible que esa idea les obsesionase. Además, la división en tribus y clanes propiciaba las disensiones internas, y por si eso fuera poco continuamente buscaban nuevas tierras y nueva expansión. Los dorios de Esparta se lanzaron a la conquista de sus vecinos desde su fortaleza natural en Laconia. Iniciaron la conquista de Mesene, la región vecina, atacando al mismo tiempo Argos y Arcadia. De pronto estaban en guerra al mismo tiempo con otros grupos de dorios y con las comunidades no dorias que aún controlaban zonas del centro y oeste del Peloponeso. La guerra con Mesene, particularmente larga y dura, los puso al borde del desastre. Y entonces aparece el personaje semi mítico de Licurgo, con su reforma legal o Gran Reta, y el destino de los espartanos toma un rumbo radicalmente distinto.
La propuesta de Licurgo es revolucionaria: para no ser absorbidos por los pueblos circundantes, los dorios de Esparta deben crear un sistema nuevo que elimine las luchas internas y prolongue indefinidamente una situación de estabilidad sin cambios. Para ello, enunció, debían suprimir totalmente la iniciativa privada y las desigualdades promotoras de cambios. En aras de su plan, los terratenientes y aristócratas debían renunciar a sus posesiones, los pequeños campesinos tenían que entregar sus tierras, y los habitantes no dorios de Esparta serían reducidos a la servidumbre total, relegados al trabajo de los lotes públicos establecidos con toda la tierra disponible. Estamos en el siglo VII a.C., y sin embargo alguien acababa de rebasar por la izquierda a los más extremistas ideólogos marxistas. Licurgo iba a convertir, por comparación, la Revolución Cultural de Mao en una agradable charla entre pastas y té.
Lo que sigue es la forja del mito sobre el que habíamos empezado a hablar con motivo del cómic.

Con las rentas resultantes de esa colectivización salvaje, los espartanos van a convertirse en algo distinto a los merodeadores y señores de la guerra dorios que habían sido hasta entonces. Para mantener su dominio sobre esta nueva sociedad estratificada, los dorios no pueden seguir siendo ganaderos, herreros o artesanos. Son apenas treinta mil habitantes en medio de una población diez veces superior. Los espartanos, los auténticos ciudadanos de Esparta sólo pueden ser una cosa: guerreros.

Toda la sociedad doria de Lacedemonia es orientada hacia ese objetivo. Los niños al nacer han de ser fuertes y sanos o son arrojados a un barranco desde el monte Taigeto. A los cinco años son separados de su madre y comienzan a recibir instrucción obligatoria y pública a cargo del estado, que los agrupa en colegios paramilitares. Es la famosa Agogé o Educación Espartana. Como parte de la misma, a los niños se les alimenta mal, se les obliga robar con astucia, se les somete a ejercicio físico intenso y sufren castigos por casi todo. Desde los cinco años hasta los treinta, los espartanos duermen juntos sobre una manta en una tienda comunal, visten la misma ropa y comen la misma comida. La asistencia a los comedores comunales, aunque el hombre esté casado y tenga familia, se mantiene hasta los sesenta años. No salen muchos gordos de las mesas comunales de Lacedemonia. La austeridad es una normal vital, una ley que afecta a reyes y oficiales, pues ser superior en Esparta es ser más espartano que los demás. En su educación se incluye la lectura y la escritura, pero sin sofisticaciones. Hablan poco y claro (es decir, son lacónicos), y desde la niñez hasta la edad adulta, desde el amanecer hasta el ocaso su única preocupación es el combate. Espada, escudo, lanza, formación en falange, vivir con la armadura puesta. Esparta abandona la vieja lucha de carros y caballería ligera de saqueo que los indoeuropeos han practicado durante siglos y convierte a sus hombres en una imparable fuerza de infantería pesada. El espartano se convierte así en el hoplita perfecto. Agrupados en unidades que se entrenan juntas desde la infancia, forjan un vínculo común, una tradición de comportamiento, lo que hoy llamaríamos un Esprit de corps. Se entrenan. Se endurecen. Se preparan. Son los Homoioi, los Iguales.
Por debajo de ellos están los Periecos, artesanos, comerciantes y especialistas que mantienen las sociedad espartana en marcha y fabrican herramientas y enseres. Todo es funcional, nada es ornamental en Esparta. Los periecos son libres, pero no poseen derechos políticos. Pueden ser reclutados para el ejército y la marina, pero no reciben una educación espartana (claro que tienen que vivir allí, y eso ya debía de curtir mucho). En la base de la pirámide social están los Ilotas, siervos vinculados a la tierra que trabajan las propiedades divididas en 9.000 lotes que alimentan a los Iguales. Se les mantiene bajo un terror permanente, y una vez al año se les declara la guerra de forma solemne, la Krypteia. Grupos de jóvenes espartanos recorren sus aldeas de noche, humillaciones y asaltos son constantes, y los asesinatos no tienen consecuencia judicial alguna. Como dije al principio, es un triste destino para los descendientes de Menelao y los vencedores de Troya.
Es también una de las lecciones que más a menudo nos repite la historia.

Por supuesto, las rebeliones de los ilotas eran sangrientas, y las represiones de los espartanos, atroces. Las rebeliones eran en realidad una pesadilla recurrente, un temor que obsesionaba a los dominadores, y cuanto mayor era su miedo más cruel se volvía su trato. Después de las guerras de conquista que originaron la legislación de Licurgo los espartanos sometieron a la misma atroz condición a los habitantes de Mesene, cuyo odio hacia los conquistadores será aún mayor.
La resultante de todo esto es un ser humano distinto a todo lo conocido hasta el momento (en parámetros modernos no sé si podríamos considerarlos siquiera personas). Los supervivientes al análisis inicial de los no aptos, a la mortalidad infantil, a los accidentes, a las enfermedades, a los castigos, al entrenamiento inhumano y a la presión psicológica de una vida semejante eran auténticas máquinas de matar de una eficacia aterradora. Imbuidos de los rígidos códigos de honor de una sociedad consagrada al valor, los espartanos vivían con naturalidad su condición en buena medida porque no podían compararla con ninguna otra, y seguramente también porque las pocas veces que salían de su tierra no era para entablar conversaciones. A Esparta no le gustaba que sus ciudadanos abandonaran su estado y se expusieran a la contaminación de ideas extrañas, y esto tendrá una enorme importancia en los acontecimientos que se narrarán más adelante. Las pocas veces que los lacedemonios abandonan sus fronteras lo hacen con sus lanzas por delante, y resulta muy difícil establecer comparaciones con el modo de vida de los demás cuando solo ves el polvo que levantan sus sandalias al salir de estampida..
No, los espartanos no tenían mucho contacto con el mundo exterior que pudiera mostrarles otras formas de entender la vida. Y los pocos que tenían, hay que reconocerlo, no les dejaban muy buena impresión.

(Continuará)

Vuestro, afectuosamente

Skalagrim.

21 Responses to “Una aproximación al Mito en “300″, de Frank Miller: Laconia (1).”

  1. Daven Says:

    Muy chulo el diseño de la página. Me gusta mucho el cambio. De la anterior me gustaba el contenido, pero no los colores. El color de fondo, en negro, era especialmente incómodo para leer grandes cantidades de texto. Así q mis ojos agradecen el cambio, jejeje.

    Y ahora tienes el control total de la web ;)

  2. minna Says:

    Me ha resultado muy ameno. Me explico: no estamos acostumbrados a estudiar Historia de una manera contínua, relacionando los distintos hechos entre sí, y mucho menos acercándonos al hombre de hace ventiocho siglos como al de apenas medio..cuarto???
    Espléndido primer post en un blog nuevo!!
    ¡Besillos!!!

  3. Bliss Says:

    Me gusta mucho la decoración de tu nueva casa (ya huele menos a pintura y más al olor propio de sus habitantes)

    Muy interesante el primer cuadro que has colgado, gracias por dejarme contemplarlo.

    ;-)

  4. Hober Says:

    Ha sido muy interesante. Supongo que de ahi sacarian Redal y Aguilera su modelo para los mercenarios ksatryas. Una de las pocas cosas que lei hace años sobre el tema fue una novela-tocho titulada ‘La cancion de la cabra’ de Frank Yerby sobre un joven espartano de noble cuna que cae prisionero de los atenienses.

  5. Santiago Says:

    Una descripción excelente y muy interesante. No sabía que los espartanos eran una sociedad tan rígida, y nunca había leído una descripción tan clara de lo que les pasó a los aqueos o de quién eran los dorios.

    No sé si llegarás a leer este comentario, perdido como está entre anuncios de viagra, pero en caso de que sí lo leas, ¿para cuándo se espera la segunda parte del artículo?

    ¡Muchas gracias por escribir tan bien!

  6. Materia Oscura » Trailer de 300 Says:

    […] Mientras Skalagrim se decide a seguir con su artículo sobre 300 (con 4 meses debería haber tenido tiempo bastante para publicar una segunda parte, pero mejor no meter el dedo en el ojo) ya ha aparecido el primer trailer de la película del mismo título. Aquí os la dejo para vuestro disfrute. […]

  7. V de Vendetta Says:

    Me ha encantado tu artículo. Lo he encontrado buscando en Meneame. Seguro que hay forma de evitar este terrible spam, nunca había visto algo así.

  8. Gaston Says:

    tu articulo es genial, me agrada mucho la tematica, en especial la manera en como separas a la perfeccion lo que es el comic con la realidad. Una clase de historia efectiva, bien escrita y sobre todo muy amena.

    felicitaciones, espero la continuacion.

    saludos

  9. henao Says:

    Solo iba a leer un trozo del articulo, pero me absorbió. La historia es en realidad, apasionante, gracias sobre todo a los vestigios arqueologicos que estas civilizaciones dejaron.

  10. RAFAEL Says:

    DEBEN RECOPILAR MAS HISTORIAS … DE TODA EUROPA!!! PARA DISFRUTARLAS EN PANTALLA GRANDE

  11. ToBy HeRe Says:

    Me q esta muy bueno el articulo, me copo tanto q lo leei 2 veses xD,
    Hisiste un terrible trabajo y te felizito .
    Cha nos vemos

  12. coral Says:

    el trama de la pelicula es muy interesante ya que le quitam lo comico y la hace casi real

  13. EL CLANDE Says:

    ME GUSTO EL ARTICULO.
    UNA BUENA SINTESIS DE LA HISTORIA ESPARTANA.
    PERO CREO QUE ADOLECE, COMO OTROS COMENTARIOS QUE HE LEIDO POR AHI, DE ENTENDER QUE TANTO EL COMIC, LA PELICULA, Y EL MISMISIMO RELATO DE HERODOTO, EN EL CUAL ABREVAN LOS ANTERIORES, MUY POCO TIENEN QUE VER CON EL EPISODIO DE LAS “TERMOPILAS” (VALE AGREGAR QUE TAMPOCO ES UN HECHO MITICO”, SINO QUE HABLAN DE LA “HISTORIA” DEL MOMENTO EN QUE SON PRODUCIDOS.
    TENGO GANAS DE ESCRIBIR ALGO EN NUESTRO BLOG QUE PROFUNDIZA UN POC ESTA IDEA, PERO ANDO UN POCO PALMA.

    UN ABRAZO

  14. LUCAS Says:

    me parece que el articulo esta muy incompleto; ademas no es un mito es una historia hacerca como 300 valientes dieron u vida por una nacion, quisuera que me respondieran para aclarar una cosas.

    la pelicula esta rebuena es bueno que se orienten atraves de ella.

    un abrazo

  15. Skalagrim Says:

    Una cosa sí es verdad: si hay un (I), entonces tiene que estar incompleto por narices, sí… :D

  16. william pillpe Says:

    buenoe sta pelicula nos habla de lo antiguo o historico es realmente asombroso lo k se vivio impresionante

  17. william pillpe leon Says:

    es relamente impresionante interesante me eh kedado asombrado con esta pelicula .. me a dejado sin palabras impresionante

  18. FLORI Says:

    ME GUSTO EL ARTICULO DE LA HISTORIA ESPARTANA QUE POR CULPA DE ELENA Y PARIS HUBO UNA GUERRA PERO SOLO QUERIAN DEFENDER SU AOR

  19. MArtin Says:

    Me ha parecido un buen articulo dande una idea general de como se creo la mentalidad espartana, cosa que muchisima gente ignora…
    Solo queria agradecerte tu blog, muy bueno!

  20. mar Says:

    uauuuu

  21. secret Says:

    zta! xvr aunke toavia nu lo he leido+
    jajaja
    klau

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